De los 9 a los 38 años, viví bajo violencia, incluyendo la perpetrada por mi propio padre. Aun así, con el apoyo de mi comunidad, luché por criar a mis hijos y mantener viva la esperanza.
Hoy soy líder comunitaria en Itaúna, Pernambuco, y fundadora del grupo Marias Também Têm Força (Las Marías También Tienen Fuerza), donde ayudamos a las mujeres a sentirse valoradas, apoyadas y empoderadas en sus desafíos diarios.
La Fundación Vida jugó un papel esencial en mi reconstrucción. Gracias al apoyo que recibí, transformé el dolor en propósito, y hoy dedico mi voz para que otras mujeres también puedan descubrir la fuerza que llevan dentro.